Sé buena persona, la gente no está acostumbrada a encontrarlas.

 No me gustan las multitudes, los ruidos o los espacios pequeños. Es por esto que prefiero ir al centro comercial de mi ciudad en días aleatorios, un martes cualquiera de enero, en los que la mayoría de la gente está, o bien trabajando, o estudiando, o haciendo lo que quiera que sea que hagan menos ir de compras.

Por eso he ido hoy.

Si mi cabeza no está pendiente de 30 estímulos diferentes, recuerdo muchísimo mejor todo lo que ha sucedido después. Recuerdo las joyas que he visto a través de los cristales, el olor a café de la cafetería en la que paramos para que mi novio pidiese uno para llevar, o los calcetines que había en la cola del Primark justo antes de que fuésemos a pagar.

- No me volvería a comprar esos calcetines ni loca. - Le dije a mi pareja, justo cuando vi que había dos personas detrás nuestra en la cola riéndose entre ellas. 

Una madre y una hija, de unos 60 y 40 años de edad respectivamente. Comentando por lo bajo cosas que no entendía porque no las escuché, pero los gestos de la cara y las manos no fallaban, se estaban riendo de la chica joven que yo tenía delante. No recuerdo casi nada después de eso, porque me invadió una sensación de rabia y de impotencia que no puedo explicaros del todo.

Solo puedo deciros que lo único que se repetía en mi cabeza una y otra vez era: no entiendo por qué la gente hace este tipo de cosas. Soy incapaz de comprender qué les lleva a dos señoras en la cola de un Primark a hacer mofa de esa chica, por lo que quiera que fuese.

Hoy seré breve: vive y deja vivir. Sé amable, empático y no hagas lo que no te gustaría que te hicieran.

“Sé buena persona, la gente no está acostumbrada a encontrarlas. Desconciértalas.”

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